lunes, 21 de febrero de 2011

Encuentro en Sotillo






19 de febrero de 2011

Día de encuentro entre los Laicos del Monasterio de la Conversión y las hermanas en Sotillo

El sol nos acompañó, sin dejarse ver, tras las nubes bajas y la lluvia intermitente, que impidieron contemplar el grandioso paisaje que nos rodeaba y disfrutar de un tiempo cálido y agradable, pero quizá para que nos fijásemos más en otra realidad no pasajera, que se va construyendo desde dentro y va creciendo poco a poco, lentamente, en el calor fraterno, fuego encendido entre nosotros.

Era nuestro primer encuentro en el futuro Monasterio de la Conversión, en lo que será la capilla, aún sin terminar, pero convertido en templo de Dios por unos instantes, con las piedras vivas de nuestras personas, familias y hermanas. Tras un breve recorrido por las distintas estancias, guiados por nuestros arquitectos y sus explicaciones acerca de lo que se vivirá y compartirá en el futuro en cada una de ellas, nos congregamos alrededor de una pequeña decoración con el signo de la cruz de la Comunidad, el icono de Pentecostés y el rostro de Jesús presidiéndonos y una vela encendida y, así elevamos a Dios nuestra oración de gratitud por la obra realizada en nosotros y nuestra petición para que acreciente la comunión fraterna que Él ha creado entre nosotros trazándonos un camino común. Después compartimos la mesa y la sobremesa y, al final del día, de vuelta a nuestras casas, pudimos experimentar vivamente que la Palabra escuchada en la oración de la mañana se había cumplido en nosotros: “¡Qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas” Y también pudimos saber con certeza que Él es el que realmente nos construye la casa, la física y material y la morada interior, en cada uno de nosotros, en nuestras familias y en nuestra Comunidad.


miércoles, 19 de enero de 2011

Nuestro Canto es Aleluya

Cantos de Cuaresma y Pascua:
Canta la Comunidad de la Conversión junto con los Laicos.
Composición original de R. Javier Moreno Abab

Los pasos del orante van del clamor y el gemido a la alabanza, a la gratitud y al júbilo. El canto acompaña estos pasos, hace del diálogo entre el hombre y Dios la expresión más misteriosa de lo inefable, de lo que no acertamos a decir, a decirnos, a decirle.
Nuestra comunidad está atenta a este diálogo existencial y le quiere hacer expresión religiosa y artística.
Porque es por el canto, la música, como muchos hombres llegan a descubrir al que buscan. O se encuentran a sí mismos, diciéndole a Dios lo que no acertaban a balbucir.
Ha surgido este trabajo de un deseo: crear un camino de encuentro y reencuentro entre el hombre y Dios. Ha surgido de la certeza y de la alegría de habernos encontrado en Él...Por eso nuestro canto no puede ser otro que ¡Aleluya!

1.- Miserere
2.- Sáname, Señor
3.- Salmo 50
4.- Te convertirás
5.- Canto de conversión
6.- El vínculo
7.- Alleluia: Christus resurrexit
8.- Regina Coeli
9.- Alelluya
10.- Ven, Espíritu divino
11.- Aleluya II

sábado, 11 de diciembre de 2010

Laicos del Monasterio de la Conversión

En los orígenes de nuestra comunidad, formada por cuatro hermanas, ya hubo un matrimonio muy cercano a nosotras, que atrajo a otros y, poco a poco, se convirtieron en un grupo de familias, a las cuales hemos visto crecer junto con sus hijos. La Comunidad se ha ido haciendo en un camino paralelo a esta inquietud por colaborar con los laicos que se acercaban a nosotras y que, desde el principio, quisieron vivir la espiritualidad agustiniana, compartiendo los fundamentos de nuestro carisma, teniendo encuentros comunes para orar juntos y crecer en la fe, recorrer el mismo camino iluminado por el diálogo y el intercambio de experiencias a la luz de la Palabra y, también colaborando desde su condición de laicos con nuestro proyecto comunitario, trabajando juntos en diversas actividades. Según dice el documento titulado: “En camino con San Agustín” sobre las Fraternidades Agustinianas Seculares, publicado en 2001 por la Curia Agustiniana, “Laicos y Religiosos podemos compartir una misma espiritualidad y establecer una interrelación que nos enriquezca mutuamente”. Es lo que la Exhortación Apostólica Vida consagrada llama “intercambio de dones”.

En nuestra andadura, de tan solo diez años, nuestra comunidad no puede pensar en sí sino abierta a esta realidad diferente dentro de la Iglesia, en la que unos y otros nos complementamos. Nuestros laicos agustinos han compartido ya muchos momentos importantes en este tiempo, la celebración del triduo pascual, las grandes fiestas agustinianas y otros momentos conmemorativos señalados dentro de nuestra vida. Han hecho posible la grabación de un CD de música litúrgica y la composición de otros temas, han trabajado con desinterés y tremenda generosidad en la construcción de nuestra futura casa, que será también lugar de encuentro para mucha gente, han participado en actividades pastorales y formativas propiamente nuestras. Hemos compartido mucho en estos años y sentimos que caminamos al unísono cada uno desde su identidad y misión concreta: laicos y religiosos.

El último hito significativo de nuestro caminar en comunión ha sido la toma de la cruz agustiniana que lleva la Comunidad. Este signo, festejado el pasado 28 de agosto, Solemnidad de San Agustín, ha supuesto un paso importante en este camino de comunión fraterna donde se estrechan nuestros lazos y la especial sintonía dentro del carisma agustiniano pretendiendo hacer nuestro el ideal de vivir con una sola alma y un solo corazón, buscando la unidad en la diversidad tan predicada por San Agustín.

Nacho Monar y su esposa Marta fueron los primeros laicos que se acercaron a la Comunidad de la Conversión en sus comienzos.
En la foto, el Obispo Don Rafael Palmero imponiendo la cruz de la Comunidad a Nacho
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